El arte cerámico tiene una historia tan antigua como la de la humanidad. Se han encontrado pruebas de que las primeras cerámicas se fabricaron alrededor del 24.000 a.C.. En aquella época, la gente moldeaba la tierra para hacer cerámica y la endurecía secándola al sol. Más tarde, se desarrollaron técnicas de cocción y se coció la cerámica para hacerla más duradera.

El arte cerámico también desempeñó un papel importante en la Antigüedad. Las antiguas civilizaciones egipcia, griega y romana utilizaban la cerámica tanto para uso cotidiano como con fines artísticos. Grecia, en particular, es conocida por sus famosos maestros y artistas ceramistas. Durante este periodo, la calidad y los valores estéticos en la producción de cerámica pasaron a ser reconocidos como obras de arte.
En la Edad Media floreció la producción cerámica, especialmente en el mundo islámico. El arte islámico produjo cerámicas multicolores decoradas con motivos geométricos y florales. El arte cerámico también floreció en China y la producción de porcelana alcanzó su apogeo durante la dinastía Ming (1368-1644).

El Renacimiento supuso el renacimiento del arte cerámico en Europa. Italia se convirtió en pionera en la producción de cerámica durante este periodo. Más tarde, España, los Países Bajos, Inglaterra y otros países europeos también se sumaron al arte de la cerámica.

El arte moderno de la cerámica comenzó en el siglo XIX. El artista británico William Morris y el japonés Shoji Hamada desarrollaron nuevas técnicas y diseños en la producción cerámica. Durante este periodo, la cerámica no sólo se producía para uso cotidiano, sino también con fines artísticos.
Hoy en día, el arte de la cerámica se practica ampliamente en todo el mundo. Los ceramistas crean objetos únicos combinando técnicas tradicionales con diseños modernos. En galerías de arte, museos y colecciones se exponen numerosos ejemplos de artefactos cerámicos antiguos y modernos.

